El optimismo puede definirse como una característica de predisposición de la personalidad, que media entre los acontecimientos externos y la interpretación personal de los mismos. Esta temática, despertó desde siempre, un gran interés entre los investigadores de la psicología positiva. El Optimismo es la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables. Es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.
La principal diferencia que existe entre una actitud optimista y su contraparte pesimista (pesimismo), es el ángulo o la perspectiva con la que se aprecian las cosas. Nos empeñarnos en encontrar soluciones, ventajas y posibilidades. El pesimismo o pesimista, supone hacer ese mismo esfuerzo para descubrir inconvenientes y dificultades, que nos provoca apatía y desánimo.
En general, parece que las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y exitosas, e incluso, a tener mejor estado de salud física. De hecho, uno de los resultados más consistentes en la literatura científica es que aquellas personas que poseen altos niveles de optimismo y esperanza, tienden a salir más fortalecidas y a encontrar beneficios en situaciones traumáticas y estresantes. El optimismo y la esperanza tienen que ver con la expectativa de resultados positivos en el futuro y con la creencia y la capacidad de alcanzar las metas fijadas.
¿Cómo viste esa copa de vino: ¿Medio Vacía o Medio Llena?
Cuando una persona experimenta una situación crítica o difícil, él o ella puede reaccionar de las siguientes maneras:
Asumir la crisis como un peligro adaptándose a esa manera negativa. Por ejemplo:
Un niño o niña que tiene un padre alcohólico, puede desarrollar conductas violentas hacia los adultos o hacia otros niños o niñas.
Un joven puede escoger la bebida o la droga frente a la falta en los estudios o a dificultades con su familia.
Un adulto puede desarrollar un trato seco y cortante en sus relaciones personales, como reacción ante dificultades económicas.
Por otro lado, ante estas mismas circunstancias, las personas con capacidad de Resiliencia ven en las crisis una oportunidad para usar su creatividad y su habilidad de resolver problemas. Por ejemplo:
-El niño o niña resiliente, aún conviviendo con un padre alcohólico, puede desarrollar armoniosamente su capacidad de convivencia con otros adultos.
-El joven o la joven que posee la capacidad de superar retos, considera la dificultad en los estudios como un incentivo para esforzarse más y salir adelante.
-El adulto con problemas económicos pero con habilidad de resolver problemas, usa su creatividad y encuentra formas de salir a flote, sin perder la dulzura del carácter.
De acuerdo a todo esto, en psicología, el término resiliencia se refiere a la capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional. Cuando un sujeto o grupo animal es capaz de hacerlo, se dice que tiene resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por los mismos. El concepto de resiliencia se corresponde con el término entereza.
Esa capacidad de resistencia se prueba en situaciones de fuerte y prolongado estrés, como por ejemplo el debido a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, al abandono afectivo, al fracaso, a las catástrofes naturales y a la pobreza extrema.